En el marco del centenario de la Congregación de las Esclavas de la Santísima Eucaristía y de la Madre de Dios, el Colegio Miraflores de León vivió una serie de acontecimientos que marcaron profundamente a su comunidad educativa. Fueron días de gratitud, memoria viva y compromiso renovado con el legado de Madre Trinidad.

El 28 de enero, la comunidad escolar recibió con especial alegría la visita del Arzobispo de León, Mons. Jaime Calderón Calderón, quien presidió una celebración profundamente significativa junto a los alumnos de primaria, de primero a sexto grado. Su mensaje cercano y pastoral quedó sembrado en el corazón de niños, docentes y familias. En este contexto jubilar, se dio gracias a Dios por cien años de entrega, amor y servicio de la Congregación, pidiendo que este tiempo de gracia continúe dando frutos en la familia Miraflores.

Posteriormente, el 11 de febrero, la celebración del centenario alcanzó un momento histórico con la promesa de la primera generación de la Fraternidad Eucarística de Madre Trinidad en América. El acto tuvo lugar en la Catedral Basílica Metropolitana de Nuestra Señora de la Luz, donde fe, comunidad y esperanza se unieron en un mismo corazón. Este gesto significó no solo la memoria de un siglo, sino la proyección de un carisma que continúa vivo y fecundo.

Para culminar el centenario, docentes y administrativos del Colegio Miraflores, de la Escuela de Tareas Las Joyas y las hermanas de la Congregación se reunieron en un encuentro fraterno lleno de gratitud. Sor Alicia expresó su reconocimiento a cada colaborador por formar parte activa de esta historia, recordando que el amor a Jesucristo Eucaristía y la educación integral de la niñez constituyen el núcleo del legado de Madre Trinidad.

En esta clausura también se contó con la presencia del escultor y pintor Raúl Domínguez Lechuga, quien creó una estatuilla conmemorativa entregada a cada miembro. La obra simboliza la esencia del carisma: la granada como signo de vida y unidad; la Eucaristía como centro; Madre Trinidad y los niños como expresión de una misión que nace y culmina en el amor a Cristo.

El cierre estuvo marcado por la alegría, la fraternidad y el orgullo de seguir transmitiendo, generación tras generación, el espíritu que dio origen a esta obra educativa.

Un siglo que no termina: se renueva y se fortalece en cada niño, en cada aula y en cada corazón.