ORIGEN

Esclavas de la Santísima Eucaristía y de la Madre de Dios

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Nuestro origen

“Fuimos aprobadas por el Papa Pío XII el día 10 de Enero de 1949 pocos meses antes de morir Madre Trinidad en Madrid el 15 de Abril del mismo año”.

Nuestra fundadora, haciendo lectura creyente de la historia personal y contemporánea, y confirmando sus intuiciones con el Cardenal Arzobispo de Granada, Monseñor Casanova y Marzol, vio la necesidad de abrir su monasterio a la adoración del Santísimo Sacramento y a la educación de niñas carentes de recursos o familia.

La Providencia tiene sus caminos y, aunque nacemos como Capuchinas Clarisas Eucarísticas en el Santuario de Nuestra Señora del Espino de Chauchina (Granada), la Iglesia define nuestra Congregación como Esclavas de la Santísima Eucaristía y de la Madre de Dios y la primera casa de esta nueva familia religiosa es el Santuario Nuestra Señora de Gádor, en Berja (Almería) fundada por Madre Trinidad.

Los dolorosos acontecimientos que ocurrieron en España, propiciaron la salida de las religiosas en el año 1.936 para un lugar más seguro y así la Congregación se implantó en Portugal donde se consolidó y creció amparada por el Cardenal Patriarca de Lisboa, Monseñor Cereceira, de modo que Madre Trinidad abrió comunidades en Braga, Porto, Lisboa, Laveiras y Viana de Alentejo.

Regresó a España al finalizar la guerra civil y, únicamente guiada por lo que entendió que era la voluntad de Dios, tuvo la audacia de abrir nuevas comunidades en Ourense, Bilbao, Granada y Madrid, para viajar en dos ocasiones a Roma solicitando la aprobación de las Constituciones y la bendición del Santo Padre para la obra que había fundado.

HOY

...vamos haciendo camino de nuestra madurez humana y de la fidelidad religiosa, con ayuda del amor mútuo y la oración.

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Nuestro hoy

“Las Esclavas de la Santísima Eucaristía y de la Madre de Dios vivimos nuestra consagración, adorando a Jesucristo presente en la Eucaristía e iluminando en la maternidad de María el estilo de actitud apostólica en la misión que se nos confió en favor de la Infancia y Juventud, muy especialmente de la que pueda estar herida o debilitada”.

Somos mujeres enamoradas de Jesucristo que, por vocación, vivimos en fraternidades procurando ser estímulo mutuo de esperanza, de paz y de alegría; y en esta plural realidad humana que es cada comunidad, vamos haciendo el camino de nuestra madurez humana y el camino de fidelidad religiosa con la ayuda del amor mutuo y la oración.

La vida en fraternidad es el ámbito donde cada religiosa reconocemos que somos, por vocación, llamadas a vivir la experiencia profunda del amor mutuo. Consideramos gracia de Dios haber sido llamadas a vivir como comunidad eucarística. Hemos visto en el servicio de la educación cristiana una plataforma evangelizadora privilegiada y es en esta tarea en la que, principalmente, servimos a la instauración del Reino en todos los países donde estamos presentes.

“El rostro de la Congregación se ha tornado multicolor

y resulta un bonito arco iris de colores, razas y culturas que posibilitan el gesto visible de la nueva humanidad donde todos serán uno e iguales sin necesidad de perder su identidad”.